Primero digamos que, la participación de la
comunidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje aparece contemplada en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) y los lineamientos
generales del nuevo Diseño Curricular (2007) donde se expresa que debe
aprovecharse el recurso humano de los sabios y sabias de dichos entornos. Es lo
que se conoce en los últimos tiempos como ecología de saberes, según la cual,
el conocimiento o el saber del hombre común debe ir también a la academia para
contrastarlo con lo que otros han dicho o descubierto.
Además, la comunidad puede
retroalimentar al plantel sobre diversos asuntos de interés pedagógico, como
expresan nuestros informantes al indicar que aquella no participa generalmente
en la elaboración de los objetivos generales de la institución; el docente
tampoco posee un banco de datos que le diga cuáles son los recursos o talentos
humanos con que cuenta la comunidad, lo cual podría lograrse mediante una hoja
sencilla de preguntas que el niño o estudiante llevaría a sus familiares para
que respondan sobre aspectos como profesión, edad, tiempo disponible, entre
otros.
Si el docente no conoce a ciencia
cierta la cultura y modo de vida de la comunidad donde tiene que ejercer su
profesión, ello le impedirá incluso resolver ciertos problemas que presente el
estudiante durante su permanencia en la institución. En este sentido,
expresa Martínez:
Cada ser humano ha nacido en un tiempo y en un país con una tradición
cultural: una lengua, ciertas costumbres, normas y patrones de conducta,
valores, un modo de ver y juzgar la vida y todo lo que rodea la existencia
humana; asimismo, existen modos de enfocar los problemas y las soluciones ya
hechas para los mismos: formas de pensar, de evaluar y de juzgar las cosas, los
eventos y el comportamiento humano. Todo esto hace que cada persona nazca y
viva en un ambiente cultural, así como el pez nace y vive en unas aguas que quizá
no conozca mucho, pero que forman su propio medio de vida y, en gran parte,
determinan su forma de ser. (2004, p.120)
Vimos,
por ejemplo, que el estudiante no plantea muchos de los temas de su comunidad
porque los considera normales, dado que como el pez en el agua, es el medio en
el que ha vivido durante años. El nudo de este asunto es que la comunidad debe
ser pensada en clave pedagógica, asumiendo que allí es donde el niño adquiere
sus primeros valores sobre la importancia de la vida. Allí ocurre el proceso de
socialización que lleva al infante a convertirse en un miembro más de la
sociedad. Por tanto, la comunidad no puede ser para los pedagogos un simple
telón de fondo.
Pensar
este problema supone reconocer la tensión entre un fenómeno y otro, la
comunidad y la educación, que no se dejan reducir entre sí, y ni siquiera a
categorías conceptuales de una sola disciplina, pues sus relaciones
problemáticas involucran reflexiones bastante complejas y diversas desde la
sociología, la pedagogía, la antropología y la semiótica, entre otras
disciplinas. (Jurado, 2002).
De
acuerdo con lo expuesto hasta ahora, queda claro que la educación cumple una
importante función social en relación con el afianzamiento de proyectos de
convivencia y desarrollo social. No obstante esto, sus contextos sociales y
culturales están transformándose permanentemente y así mismo sus prácticas
educativas, sujetos y escenarios. El tema ha llevado a ciertos pensadores a
referirse a los alrededores o contexto extra escolar.